
Nunca he sido un gran aficionado a la lectura, y menos a la literatura. Me entretenía leyendo curiosidades, o reflexiones filosóficas sobre la vida y nuestro mundo. Leer historias me parecía algo aburrido, el hecho de sostener un libro entre las manos mientras recorres líneas paralelas repletas de palabras me producía mareos, encontraba difícil introducirme en una historia por muy buena que fuese. Y no es que esté falto de imaginación, nunca he considerado que lo esté, pero prefería la belleza de la imagen, donde las cosas pueden ser dichas sin necesidad de palabras; solamente una imagen en movimiento (o no) acompañada de los sonidos o los silencios correctos puede contar muchas cosas.
